Instrucciones para fundir Rubí Dorado n°221 y Amatista Dorado n°276

Rubí Dorado pertenece a un grupo de vidrios cuya coloración depende del recalentamiento del vidrio hasta una cierta viscosidad, de manera que los átomos de metal formen un coloide y transmitan el color a partículas de una medida específica. El cobre y la plata son otros metales nobles que se comportan de manera similar al oro. Al proceso de desarrollo del color se le llama ‘striking’.

Nuestros vidrios para fundir Rubí Dorado n° 221 y Amatista Dorada n° 276 están especialmente diseñados para desarrollarse bajo condiciones de fusión. Rubí Dorado n° 221 se presenta en un rosa muy pálido (se le añade una pequeña cantidad de erbio para distinguir este vidrio de Transparente n° 210). Amatista Dorada n° 276 muestra una cantidad de cobalto azul en el vidrio, que convertirá el rubí en amatista. Si desarrolláramos el color del vidrio antes de venderlo, entonces se desarrollaría en exceso bajo un régimen de calentamiento extra o fusión.

Este vidrio requiere un cierto nivel de observación y control por el usuario final para conseguir el matiz adecuado. Se recomienda llevar a cabo experimentos a pequeña escala hasta que se logre la confianza para desarrollar trabajos de mayor envergadura.

El color rubí ideal se consigue cuando se forman numerosas pequeñas partículas, ni demasiado pequeñas, ni demasiado grandes. La evidencia está en el color. Un pequeño número de partículas de oro de un tamaño también muy pequeño colorea primero el vidrio en marrón claro; posteriormente el marrón deja paso a un tono morado. El calentamiento continuo incrementa lentamente el tamaño y el número de partículas, hasta que por fin aparece el rubí. Si Amatista Dorada se detiene en la etapa del morado, el color puede convertirse en un morado demasiado fuerte. Una cocción más larga aclarará el tono. Si el calor es excesivo o demasiado prolongado, entonces se produce un fenómeno en el color, llamado safirina. Ésta tiene un aspecto de color marrón hígado en la superficie al reflejar la luz. El rubí entonces se habrá estropeado porque la multitud de pequeñas partículas coloidales de oro se habrán adherido las unas a las otras y habrán aumentado demasiado.

Recomendamos calentar el rubí a partir del frío en el molde o en un recipiente. Los mejores rubíes necesitan un calentamiento lento. Llenando el molde con vidrio de desecho frío a temperaturas de 750 a 850oC (de 1380 a 1560oF) se facilita el crecimiento de unas pocas partículas grandes, en lugar de muchas pequeñas, con lo que el resultado será un tono hepático.

No caliente el vidrio tanto como debería para los otros colores. Pruebe a deajrlo correr a unos 780oC (1450oF), y cuando vea que el vidrio está completamente fundido dentro del molde, baje la temperatura a unos 700-710oC (1290-1310oF). Manténgalo ahí durante 3 ó 4 horas antes de bajarlo a la escala de temperatura de recocido. Es una buena idea tener un pequeño ejemplo que pueda sacar del obrador e inspeccionar mientras está cociendo, para asegurarse que la progresión del color está avanzando a través de la gama del morado hacia el rubí. Esto también previene la sobrecocción de la pieza. Procure evitar que la superficie del vidrio quede expuesta a la radiación directa de los aparatos eléctricos, ya que ello podría generar que se sobrecalentara la superficie y se volviera de tono hepático.

Esté usted preparado para que la intensidad y el matiz del rubí cambien de una cocción a otra, a no ser que los tiempos de cocción y las temperaturas se repitan con exactitud. Una disolución con los incoloros o la mezcla con otros colores puede cambiar los índices de desarrollo.

Existe un límite sobre la medida en que el rubí puede aclararse con el incoloro. No lo intente en más de un 50/50.

El rubí es, asimismo, muy sensible a los agentes de reducción que pueden estar presentes en otros colores. Pueden producirse resultados imprevisibles al mezclarlo con los números 220, 230, 240, 242 y 245.

Gaffer® Coloured Glass Ltd. 2000

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